La barca vacía

La barca vacía

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Aquel que rige a los hombres, vive en confusión,
quien es gobernado por hombres, vive acongojado,
por eso el Tao no desea ni inuir a otros, ni ser inuenciado.
La forma de aclarar la confusión y librarse de la congoja
es vivir con Tao en la Tierra del Vacío.

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Si un hombre está cruzando el río y una barca vacía choca con su propio bote,
aunque sea un malhumorado, no se enfadará demasiado.
Pero si ve un hombre en esa barca, le gritará que cambie de curso,
si su grito no es escuchado, gritará una y otra vez, y comenzará a maldecir,
y todo porque hay alguien en la barca.

Sin embargo, si el bote fuera vacío, no estaría gritando y no estaría furioso.

Si puedes vaciar tu barca cruzando el río del mundo,
nadie se opondrá ni buscará dañarte.

El árbol recto es el primero en ser abatido.
La fuente de agua clara es la que antes se seca.
Si quieres aumentar tu sabiduría y avergonzar al ignorante
o cultivar tu carácter y eclipsar a otros a tu alrededor,
brilla como si hubieras tragado el Sol y la Luna y no eludirás la calamidad.

Un sabio ha dicho: “El que está contento consigo, ha trabajado en vano,
el éxito es el comienzo del fracaso, la fama es el comienzo de la desgracia”.
¿Quién se libera de éxito y fama y desciende y se pierde entre la multitud humana?

El que uye con el Tao, invisible, se mueve como la vida misma,
sin nombre y sin hogar, es simple y sin distinción,
en apariencia un tonto, sus pasos no dejan rastros,
no tiene poder, no consigue nada, no tiene reputación.
Puesto que no juzga a nadie, nadie lo juzga.

Así es el hombre perfecto, su barca está vacía…

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